Ni escuela tradicional ni escuela nueva [Extracto]

Esto es parte de lo que he escrito esta mañana. Por favor, tengan en cuenta que es sólo un extracto y no contiene, por tanto, toda la información ni el desarrollo completo de la argumentación.

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La escuela como institución tiene casi 300 años de antigüedad; este plazo de tiempo debería haber sido suficiente para detectar qué cosas funcionan y qué cosas conviene cambiar. Sin embargo, la escuela tradicional no está por la labor de cambiar nada de lo que no funcione, y la escuela nueva no está dispuesta a conservar nada de lo que sí funcione.

Según la pedagogía constructivista el conocimiento no está dado sino que cada niño, cada ser humano, posee el potencial de crear el conocimiento. Por tanto, ya no hace falta instrucción ni disciplina porque no hay respuestas erróneas ya que eso significaría imponer un determinado contenido.

La educación tradicional, por contra, cae en el extremo contrario al considerar que el contenido está perfectamente delimitado y predeterminado. Y es cierto que, a diferencia de lo que dice la nueva pedagogía, algunos contenidos están fijados. Por ejemplo, la historia es la que es y no podemos inventarla; también las matemáticas son como son y existen diferentes métodos de probada eficacia para su aprendizaje; las reglas ortográficas, fundamentales para que la comunicación sea posible, son como son y en su mayoría obedecen a razones etimológicas y de economía procesal, entre otras. La escuela nueva, en cambio, fomenta algo que llaman “ortografía natural” que consiste en dejar que cada niño escriba como quiera, de modo que no hay uniformidad en su escritura y se dificulta el aprendizaje de la lengua al permitir que esa “ortografía natural” cristalice a lo largo de los años. Cuanto más tiempo se permita que el niño escriba como quiera, tanto más difícil le será rectificar y comenzar a escribir con corrección. Recuerdo una clase de historia en la que cada sesión comenzaba con una pregunta del profesor a los alumnos. Éstos no disponían de libros de texto (otra de la herramientas de la escuela tradicional que la escuela nueva elimina) así que no tenían posibilidad de leer el tema antes de la clase. El profesor llegaba y preguntaba algo como, por ejemplo, las causas de la primera guerra mundial o de la caída del Imperio Romano. Entonces empezaba una especia de lluvia de ideas entre los alumnos. Hacían conjeturas, con la poca o nula información de la que disponían. En mi opinión esta metodología es una absoluta pérdida de tiempo. Si ha de haber debate, debería ser a posteriori, cuando los alumnos ya dispongan de algunos datos que puedan analizar y comentar, pero no antes.

Pero la escuela tradicional peca de rigidez. El curriculum convencional de alguna manera se fosiliza, es estático e inamovible, no cabe incluir otras materias o temas que sean de interés de los alumnos y, además, al considerar que su métodos tienen eficacia probada, no se deja espacio a la experimentación ni a la creatividad. La lectoescritura, por ejemplo, es el aprendizaje perfecto para combinar el método tradicional con una alta dosis de experimentación y creatividad. Si bien las normas ortográficas están dadas y no deben ser reinventadas por cada niño, sí cabe dejarles libertad para hacer las letras como prefieran. Recuerdo, por ejemplo, que en mi colegio no se permitía escribir la “a” sino que había que escribir “a”, que la letra debía ser ligada y que entre una línea y otra debías dejar dos cuadritos de separación (tampoco se podían utilizar hojas blancas ni pautadas con rayas, debían ser cuadriculadas). Todas esas son exigencias innecesarias, como también lo es imponer los temas de las redacciones o su formato. Con ello se consigue precisamente el efecto contrario: el día que el profesor manda como tarea una redacción de tema libre, la mayoría de los alumnos no tiene ni idea de qué podrían escribir.

En la escuela se pierde mucho tiempo

 

Continúo escribiendo el libro con la técnica de NaNoWRiMo. Consiste en escribir 1666 palabras al día durante todo el mes de noviembre. De momento no he escrito todos los días pero tengo una media de palabras de 1708, así que el resultado es positivo. He decidido dedicar una entrada semanal al proceso de creación del libro; no a su contenido, que de esto va todo el blog, sino al proceso de escritura siguiendo estas normas.

 

En la escuela se pierde mucho tiempo. Se pierde tiempo porque se obliga a los niños a “aprender” en momentos en que la mayoría de ellos no tienen interés por lo que se les está intentando transmitir. Se pierde tiempo porque a cada materia se dedican sólo dos o tres horas semanales, cuando la mejor forma de aprender algo nuevo es dedicándose a ello intensivamente durante el tiempo que sea necesario.  Fíjense que los adultos, viendo una serie televisiva a razón de un capítulo por semana, a menudo perdemos el hilo por los días que han pasado desde que vimos el último. Eso hablando de series que vemos porque queremos, porque nos gustan y nos interesen. Ahora imagine si todas las semanas, en vez de un capítulo de Breaking Bad, tuviera que ver una conferencia sobre un tema que no le interesa. Y que para entender cada conferencia tuviera que haber asimilado lo que se contó en la de la semana anterior. Recuerde que se trata de un tema que no le interesa, no de algo que usted ha elegido porque le interesa. Sólo porque una ley dijera que todas las personas de entre 25 y 50 años están obligadas a ver una conferencia semanal sobre ese tema y a pasar un examen sobre el contenido. Suena a abuso cuando hablamos de adultos y, sin embargo, nos parece normal, aceptable e incluso deseable cuando se trata de niños.

 

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Cómo despertar pasión por el aprendizaje, por Seth Godin

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Cómo despertar pasión por el aprendizaje

Si quieren enseñar a alguien, cómo apasionarse por la historia de EEUU, ¿por qué le darías un libro de texto? ¿Acaso la gente entra en una librería y dice, “me interesa lo último y más emocionante que me va a atrapar sobre la Guerra Civil.? ¿Tiene uno de esos libros de texto? Si quieres enseñarle a alguien cómo ser un aficionado al béisbol, ¿empezarías haciéndole entender la historia del béisbol, quién era Abner Doubleday, qué es hacer campañas rurales, las influencias del cricket y el capitalismo y las ligas negras? ¿Dirías mañana hay un examen. Quiero que memoricen a los 50 mejores bateadores en orden por su promedio de bateo y luego clasificarán a la gente con base a los resultados del examen? los que lo hicieron bien, ¿fueron los que mejoraron mejor los nombres de los bateadores? ¿Es así como se generarían aficionados al béisbol?

Vía Duarte Falcó

Lo que los alumnos inteligentes saben, de Adam Robinson

Adam Robinson es cofundador de The Princeton Review, una empresa dedicada a la preparación de exámenes y a los accesos a la universidad. En su libro What Smart Students Know, Robinson expone las siguientes ideas que, si bien no entran dentro de la categoría del desprendimiento educativo, sí sirven como pautas de supervivencia para aquellos que, por algún motivo, no puedan abandonar el sistema.

 

-Nadie en la escuela se va a molestar en enseñarte la habilidad académica más importante: cómo aprender.

-Las falsas creencias sobre la escuela y sobre el aprendizaje hacen que la escuela sea mucho más difícil de lo que debería ser.

-Éstos son los 12 principios de los alumnos inteligentes:

1. Nadie puede enseñarte tan bien como tú puedes enseñarte a ti mismo.

2. Limitarte a escuchar a los profesores y a hacer tus tareas nunca es suficiente.

3. No todo lo que se te pide que leas o que hagas es igual de importante.

4. Las notas no son más que opiniones subjetivas.

5. Cometer errores (y a veces parecer tonto) es el precio que debes pagar por aprender y mejorar.

6. El objetivo de una pregunta debe ser hacerte pensar, no sólo responderla.

7. Estás en la escuela para aprender a pensar por ti mismo, no para repetir lo que digan los libros de texto y los profesores.

8. Las asignaturas no siempre parecen interesantes o relevantes, pero emplearte activamente en ellas es mejor que estar pasivamente aburrido y no aprender nada de ellas.

9. Pocas cosas son tan potencialmente difíciles, frustrantes o aterradoras como el aprendizaje genuino, pero tampoco hay nada tan provechoso y empoderantes.

10. Lo bien que te vaya la escuela refleja tu actitud y tu método, no tu habilidad.

11. Si tu objetivo son las notas o la aprobación ajena, te estás perdiendo las satisfacciones del proceso y estás poniendo tu autoestima a merced de cosas que están fuera de tu control.

12. La escuela es un juego, pero es un juego importante.

 

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